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La hermosa ciudad de Innsbruck, Austria

Existen sitios tan hermosos en Austria que podrían dejar boquiabierto a cualquier visitante que se proponga ir hacia allá. Pues la ciudad de Innsbruck podría ser uno de estos lugares tan anhelados por las personas. La ubicación de este lugar esta totalmente enmarcada por una hermosa cordillera del continente europeo, que indudablemente es deleitarse en los sentidos. El patrimonio de historia que posee es un testigo bastante privilegiado de una dinastía con mucho esplendor, tratándose así de los Habsburgo.

La jornada en esta ciudad debería iniciar en visitar al palacio Imperial, que es una elegante edificación del estilo rococó, el cual le debe su majestuosidad a la estructura y a la decoración magistral, de un gusto afrancesado, relativo a la emperatriz María Teresa. Sin embargo, las primeras noticias de la construcción de esta edificación datan del siglo XV. Es imponente sobre todo en las celebraciones que se llevan a cabo en el patio principal de los festivales de música antigua. Es un placentero paseo que nos aviva el recuerdo de las épocas del Renacimiento y el Barroco.

Muy cerca de este lugar se encuentra el Ayuntamiento Viejo, el cual es una de las principales edificaciones de arquitectura civil predominante en toda Austria. Es bastante emocionante por las salas y las escalinatas tan mágicas que posee, y en conjunto con esto, se encuentra también la Catedral Barroca de Sant Jacob, que es preciosísima y posee una estilizada planta que reside en su interior frescos imponentes del siglo XV. Estos se han conservado de una manera adecuada, y guarda ciertos tesoros pictóricos, como por ejemplo la Virgen y el Niño de Lucas Cranach.



El visitante debe atravesar su avenida principal, y es posible que se encuentre con inspiradores musicales radiantes de la calle, los cuales convertirán la música clásica en una gran suerte de peripecia cotidiana, llena de exquisitos talentos. En la Herzog - Friedrichh Strasse el visitante podrá encontrarse con una edificación que no dejará que quite la vista de él en los momentos en que decida si es de su gusto la figura dorada que contempla, o la montaña imponente alpina que se encuentra al fondo.

Lo anterior es el llamado Tejado Dorado, el cual no es más que un balcón enmarcado en soportales que imbuye de encanto a un placete no muy grande, que en otras circunstancias pasaría inadvertido. Cualquier visitante podría experimentar frente a esto una sensación de éxtasis ante la belleza que irradia, o quizá ni siquiera quiera marcharse nunca de este lugar.







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